Así se desechan las mascarillas para no dañar al medio ambiente

Sólo en España se utilizan diariamente, 500 toneladas de mascarillas desechables hechas de materiales plásticos, que ascienden a casi 200.000 toneladas al año. Si sólo entre el 1% y el 1,5% fueran a parar al mar, habría 2.500 toneladas, 60 trailers, de plásticos, microplásticos conforme se fueran degradando, contaminando la vida marina y la cadena alimentaria durante más de 400 años, de acuerdo con las cifras que aporta Fundación Ecomar en su Informe Blue.

Durante el año 2020, la organización por la conservación marina OceansAsia ha calculado que los océanos han recibido 1.560 millones de mascarillas, formadas por fibras de polipropileno (plástico). De esta forma, las mascarillas que no se desechan correctamente se convierten en un daño colateral para el medioambiente.

“Todos los avances de la ONU y de la Unión Europea para construir un sistema de gestión de residuos basado en la economía circular se han visto frenados por la pandemia. Las mascarillas han venido a tirar por tierra todo este esfuerzo, al ser plásticos de un solo uso, no reciclables y no reutilizables”, lamenta la experta en sostenibilidad y economía circular de la Universidad Europea, Eva Romero

La experta saluda la aparición de “iniciativas sostenibles para tratar este problema, todavía de una forma muy excepcional”. En España, la empresa Bioinicia, junto con el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha fabricado una mascarilla FFP2 biodegradable. Recicla Mascarilla, en el País Vasco, utiliza mascarillas usadas para fabricar combustible. La compañía francesa Plaxtil se anuncia como la primera del mundo en reciclar máscaras, aprovechando sus fibras de polipropileno para hacer otras nuevas y estructuras de viseras, con más de 50.000 unidades fabricadas.

“Proyectos en universidades de todo el mundo están analizando la mejor manera de reciclar los materiales, teniendo en cuenta la complejidad del producto, formado por hasta tres tipos diferentes de materiales plásticos, que hay que tratar con todas las medidas de seguridad”, recuerda Ropero. Las mascarillas que usan los pacientes ingresados por coronavirus en un hospital tienen la consideración de residuos sanitarios y se regulan por una normativa específica que implica su esterilización o incineración, explica Ropero. “Los beneficios del reciclaje de un material potencialmente contaminado son inferiores a los riesgos, y se prima la prevención y la salud pública”, indica.

Las que se desechan en los hogares se consideran residuos no peligrosos y van a la fracción resto (residuos no reciclables). En ningún caso a los contenedores de recogida separada (envases, papel o vidrio) ni, por supuesto, al suelo. “Si hay infectados por COVID-19 en un domicilio, deberían ir al cubo de restos en una bolsa cerrada”, señala Ropero. A partir de ahí se ocupan los servicios municipales. “Se procederá con preferencia a su incineración, pero también se permite su depósito en vertedero. En caso de ser necesario, se pueden utilizar las plantas de industrias de fabricación de cemento que estén autorizadas para co-incinerar residuos”, apunta.

Algunos municipios, como el de Alcorcón (Madrid), han colocado contenedores especiales para mascarillas, pero el tratamiento posterior es el mismo: depósito en vertedero controlado o incineración. Acción Planetaria arrancó, al inicio de la pandemia, la campaña #ContagiaResponsabilidad en España, animando a empresas e instituciones a colocar contenedores, de color rojo, para la recogida de mascarillas y guantes. De allí van a la incineradora. “No es una fórmula que nos guste pero, actualmente, no hay alternativas viables. Es un mal menor”, valora Luís de Castro, voluntario de comunicación de la Fundación Acción Planetaria.

Teniendo en cuenta que la humanidad va a tener que convivir con las mascarillas durante bastante tiempo, Acción Planetaria apela al civismo para impedir que terminen contaminando nuestro entorno. “Es recomendable separar en casa mascarillas y guantes del resto de basura, aunque luego todo vaya al mismo sitio, para concienciarnos y educar a nuestros hijos”, aconseja. También cortarles las gomas, para que, en caso de que ‘escapen’ del vertedero, aves, peces o animales callejeros no se enreden en ellas. “Evitemos depositarlas en papeleras, ya que pesan poco y un golpe de viento podría volarlas”, añade.

Acción Planetaria, cuya nueva campaña, #Añosdevida, pone el foco en la imposibilidad de gestionar de forma adecuada el volumen creciente de plásticos, insiste en “evitar a toda costa que las mascarillas terminen en el mar”. De Castro opina que se debería potenciar su recogida selectiva. “Probablemente sustituyamos nuestros actuales contenedores rojos por otros más sencillos, plegables, de cartón, para concienciar de que lo que llevamos sobre boca y nariz para protegernos de los contagios es un residuo plástico”, precisa.

Noticia publicada con información de Gestores de Residuos

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