La industria cementera, una solución a la gestión de residuos en plena pandemia de COVID-19

El empleo de combustibles derivados de residuos en fábricas de cemento es una práctica que se viene realizando desde hace más de 40 años en los países del centro y el norte de Europa, y desde hace más de 25 años en nuestro país. En tiempos de normalidad, más de 10 millones de toneladas anuales de residuos se recuperan energéticamente en las fábricas de cemento en Europa. En España, en el año 2018, se emplearon más de 850.000 toneladas de combustibles preparados a partir de residuos, los más usados fueron el CDR -combustibles derivados de la fracción resto de residuos municipales e industriales-, neumáticos fuera de uso, harinas y grasas animales, biomasa vegetal y lodos de depuradora.

El uso de residuos que no hemos podido reutilizar ni reciclar en fábricas de cemento presenta ventajas tanto para la industria cementera como la sociedad en general. Por una parte, se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero (la mayoría de estos residuos se consideran total o parcialmente biomasa, y por tanto neutros en cuanto a sus emisiones de CO2), y por otra, en línea con las directrices de economía circular fijadas desde la Comisión Europea, se reduce el depósito de residuos en vertedero y las consecuencias adversas para el medio ambiente de éstos. Finalmente, se reduce nuestra dependencia de los combustibles fósiles, a la vez que se mejora la competitividad del sector cementero.

En Europa ya hay varias fábricas de cemento que presentan porcentajes de sustitución de combustibles fósiles por combustibles derivados de residuos superiores al 90% en media anual; es decir, fábricas que prácticamente no dependen de los combustibles fósiles. El porcentaje de sustitución del sector cementero español, pese a que crece cada año, es actualmente del 26,5%, por debajo de la media de la UE con un 44%, y muy lejos de países como Noruega, Alemania, Austria, Holanda, Suecia y Suiza, con tasas de sustitución por encima del 60%. Esta sería, en grandes líneas, la situación del uso de residuos como combustible en situaciones de normalidad, pero, ¿cuál es la contribución de la industria cementera en situaciones de crisis sanitarias como la que estamos viviendo actualmente a causa del coronavirus?

En España, el sector cuenta con una gran experiencia ayudando a las autoridades públicas en la gestión de residuos generados en situaciones excepcionales. Así, por ejemplo, en el año 2000 firmó un convenio con el Ministerio de Sanidad para destruir harinas animales, como consecuencia de la crisis de las vacas locas, y hace pocos meses asumió la eliminación de la carne contaminada con listeriosis. Si nos remontamos a los años 80, también la industria cementera colaboró en la destrucción del aceite de colza adulterado. A nivel europeo, las experiencias son similares, destacando el caso de Bélgica, donde el Gobierno de ese país requirió que las fábricas de cemento destruyesen los residuos cárnicos generados como consecuencia de los pollos contaminados por haber consumido piensos con dioxinas.

Y, ¿por qué se considera a la industria cementera idónea para llevar a cabo estos procesos? Por las características específicas y singulares del proceso productivo, con las temperaturas más altas de cualquier proceso industrial, superiores a los 2.000 grados centígrados, que permiten la valorización energética de dichos residuos con todas las garantías ambientales y de seguridad y salud. En lo que a la crisis generada por los residuos del COVID-19 respecta, la Orden del Ministerio de Sanidad SND/271/2020, de 19 de marzo, estableció instrucciones sobre gestión de estos residuos, determinando que, tanto para la fracción resto recogida de residuos procedentes de hogares con positivo o en cuarentena por COVID-19 como para los residuos hospitalarios, éstos se destinarán, preferiblemente, a incineración o a vertedero; y, en caso de que fuera necesario, las instalaciones industriales de fabricación de cemento autorizadas para valorizar residuos podrían ser requeridas por las autoridades competentes para destruir los residuos ocasionados.

Con el objetivo de prepararse para esta eventualidad, los tres patronos de la Fundación laboral del cemento y el medio ambiente (CEMA), Oficemen y los dos sindicatos mayoritarios del sector CCOO Construcción y Servicios y UGT-FICA, Federación de Industria, Construcción y Agro, consensuaron un protocolo con las recomendaciones a las empresas cementeras para coincinerar residuos con posible presencia de COVID-19, caso de ser requeridos por los órganos competentes de las Comunidades Autónomas. En el protocolo se detallan todos los procedimientos de seguridad y uso de equipos de protección individual, para asegurar que el manejo de estos residuos se realice, en su caso, con las máximas garantías de seguridad y salud tanto para los trabajadores, como para la población del entorno de las fábricas.

Algunas fábricas de cemento, previo requerimiento por parte de sus respectivas Comunidades Autónomas, están ya empleando residuos procedentes de la fracción resto, liberando así capacidad de eliminación por parte de las incineradoras, que pueden destinar esa capacidad a la eliminación de los residuos sanitarios. En el momento de redactar esta tribuna, ninguna fábrica de cemento en España está destruyendo residuos hospitalarios procedentes del COVID-19.

Confiamos en una pronta vuelta a la normalidad, donde la industria cementera, que se está viendo profundamente afectada por esta crisis, pueda configurarse junto con el resto de las empresas que forman parte de la cadena de valor del sector de la construcción, en la locomotora de la recuperación económica. Y donde volvamos a ser una solución para la gestión sostenible de los residuos, mucho mejor en tiempos de normalidad.

Fuente: Gestores de Residuos

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